boton home

Comfama

boton cambio
aumentar disminuir resetear
btn blanco btn morado btn amarillo

Créditos

Consejo editorial:

David Escobar Arango
• Tomás Andrés Elejalde Escobar
• Juan Luis Mejía Arango
• Héctor Abad Faciolince
• Sergio Osvaldo Restrepo Jaramillo
• Luis Fernando Macías Zuluaga
• María Elena Restrepo Vélez
• Luis Ignacio Pérez Uribe
• Juan Correa Mejía
• Juan David Correa López
• Mauricio Mosquera Restrepo
• Juan Diego Mejía Mejía

Ilustración carátula:

Diego Arboleda

Comfama
www.comfama.com
palabrasrodantes@comfama.com.co
Central de llamadas de Comfama 360 70 80
Twitter: @comfama

Metro de Medellín
www.metrodemedellin.gov.co
Línea Hola Metro 444 95 98
Twitter: @metrodemedellin

Agradecimiento especial a la fundación plagio de chile


Por mi boca gritan
muchas gentes


Anna Ajmátova

imagenLibro

Menú

Retrato de Anna Ajmátova, de Nathan Altman

Prólogo

¿Pero dónde es mi casa y dónde mi cordura?

Uno no necesita demasiado para ser capaz de vivir. Lo más importante es poder ser libre en tu trabajo. Por supuesto que es importante poder filmar y exhibir, pero si eso no es posible todavía queda el asunto más importante de todos: ser capaz de trabajar sin pedirle permiso a nadie.

Andrei Tarkovski, Esculpir en el tiempo

Anna Andréyevna Gorenko publica su primer libro de poemas como Anna Ajmátova, nombre que toma de su bisabuela materna, una princesa tártara, debido a los reparos del padre, que no aprobaba que su apellido fuera asociado con el desvalorizado oficio de poeta. El encuentro con la poesía se torna en un vínculo inquebrantable y para ella se convierte en su destino: será la voz de un pueblo que sufre.

Nace en la ciudad portuaria de Odessa (entonces Rusia, hoy Ucrania) en 1889 y muere 16 en Moscú en 1966, a los 77 años. La guerra*, la vigilancia, la persecución y la crueldad hacen parte de su vida desde temprano. Después del triunfo de la Revolución de Octubre (1917), Rusia adopta un sistema que trae penosas épocas de opresión; cambia su nombre por Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS): y es comandada sucesivamente por Lenin, Stalin y Jrushchov; tiranías que Ajmátova logra atravesar con vida, pero con pérdidas dolorosas. En los albores de esta transición es fusilado su primer marido, acusado de participar en actividades contrarrevolucionarias, Nikita Gumiliov, el padre de su único hijo.

En los inicios de su recorrido poético Ajmátova hace parte del movimiento acmeísta, propuesta que conlleva una búsqueda de la palabra clara y sencilla, que caracteriza la mayor parte de su obra en un intento por nombrar de manera directa, sin ambigüedades. Los temas están relacionados con lo que vive en ese momento, rodeada de ambientes y actividades de la nobleza: el amor, la bohemia, la naturaleza, la creación poética y los autores que admira; temas en los que insiste a lo largo de su vida, dándoles hondura. Desde temprano se destacan la agudeza y la ironía, incluso con ella misma:

Tres cosas le encantaban

Tres cosas le encantaban a él:
los pavos reales blancos, las oraciones vespertinas
y los desteñidos mapas de América.
No soportaba los mocosos chillones,
ni la mermelada de frambuesa con su té,
ni la histeria femenina

…y estaba atado a mí.
(1910)

Su imposibilidad de sumarse al coro de entusiastas de la revolución, con poemas patrióticos y optimistas, ocasiona su expulsión de la Unión de Escritores Soviéticos y la condena al ostracismo durante quince años (1924-1939). No participa directamente en política, pero no puede ser ajena al abatimiento que la rodea. Continúa asida a la poesía y comienza el Réquiem, a partir de la primera detención de su hijo Lev y de su tercer marido Nikolái Punin, acusados de actividades contra el régimen. El Réquiem, memorizado por ella y algunos de los amigos más cercanos para no dejar ningún rastro visible, lo concibe entre 1935 y 1940 y es publicado en la URSS póstumamente en 1987. Este momento cumbre de su escritura no se agota en las vivencias personales de las que nace: las largas filas ante las puertas de la cárcel con el fin de dejar encomiendas para su hijo y cerciorarse de que sigue con vida; sino que recoge las voces suplicantes de las mujeres llevadas a ese mismo escenario de incertidumbre y dolor por desconocer la suerte de los seres queridos tras el portón imperturbable del presidio. Ajmátova traspasa épocas, se sitúa en el presente y se une a tantas voces en países diversos que claman por sus hijos retenidos injustamente o desaparecidos:

Dedicatoria

Ante esta angustia se quiebran los montes,
del vasto río las aguas no corren,
fuerte es el cerrojo de las prisiones;
detrás, las madrigueras de los gulags
y una angustia mortal...
Para algunos sopla el viento fresco,
para algunos se solaza el ocaso;
nosotras por doquier ya nada vemos,
solo oímos chirriar la odiosa llave
y los pesados pasos de los soldados.
[…]
La sentencia y... caen súbitas las lágrimas.
Ella se va, de todos apartada, como si...
con dolor le arrancaran del corazón la vida,
cual si la voltearan brutalmente bocarriba.
[…]
(Réquiem, 1940)

Suplicio este que trastoca el lazo con la realidad: “Ya la locura con su ala / cubre la mitad del alma” (Réquiem). La mitad del alma cubierta por el ala de la locura, y la otra mitad lúcida testigo del sufrimiento y la sinrazón. Y no sabemos qué es peor: si la lucidez o la enajenación: “¿Pero dónde es mi casa y dónde mi cordura?”, se pregunta (y nos pregunta) Anna en otro poema.

Para el nuevo sistema todo lo que remite al pasado zarista es condenable; por lo tanto, la religión no es bien vista. “Ni hubo de luchar con Dios, pues la iglesia también era su casa”, afirma Vladimir Leonóvich [5, p. 13], y Ajmátova, que posee una fortaleza imbatible, se refugia en un exilio interior sin abandonar lo imprescindible para ella. El trasfondo religioso caracteriza su escritura, se trata de una religiosidad conectada con lo terrenal, que no exalta el sometimiento ni el sacrificio y le permite una postura compasiva con el semejante. En “Crucifixión” hace alusión a María, no la llama la Virgen, nos presenta a la madre que perdió a su hijo y sufre, como todas las mujeres que hacían fila con ella desfiguradas por el dolor:

La crucifixión

2
Se mecía y lloraba Magdalena,
el amado discípulo quedó cual piedra.
Pero donde estaba en silencio la Madre,
allí, no se atrevió a mirar nadie.
(Réquiem, 1940-43)

Las referencias a autores, libros, músicos, personajes de ficción y a La Biblia, conforman una valiosa polifonía a lo largo de su obra. Así, en “La mujer de Lot” declara su complicidad con la mujer convertida en estatua de sal por sucumbir a la nostalgia de su tierra y al deseo de mirarla por última vez, un deseo más fuerte que el mandato divino: “Incluso así, nunca la negaré en mi corazón, / ella que murió porque eligió volverse”. Y Ajmátova eligió permanecer en su tierra, en su lengua, con su gente; pensaba que “la gente que se dedica al arte de la palabra, tiene que vivir donde esta palabra esté viva” [5, p. 197]. Mudarse al extranjero era la muerte de la poeta y ella eligió la escritura:

Para ti es poco el idioma ruso,
quieres saber en todas las lenguas
cómo son de empinadas las cuestas y
las pendientes y el valor de la conciencia y
el miedo entre nosotros.
(1928) [4, p. 42]

Durante la participación de la URSS en la Segunda Guerra Mundial, los intereses se orientan al enemigo extranjero y hay un remanso en la censura. Publica de nuevo y ofrece recitales, en los que es ovacionada. Con el final de la guerra retorna la mano represora: su obra es prohibida y criticada con ferocidad, y ella es denominada “medio monja, medio mujer de la vida” [5, p. 23] con el fin de 21 desacreditarla debido a su relación con la religión y por sus continuos desencuentros amorosos, material de sus poemas: “A mi amado en ninguna parte encontré” [1, p. 185]. Le suspenden la tarjeta de racionamiento y no le permiten trabajar, lo que le ocasiona una situación casi de indigencia y marginalidad, que los amigos mitigan con su generosidad y atenciones. Son detenidos de nuevo su hijo Lev y su ex marido, Punin. Este último no regresa.

Según los hallazgos de Vitali Shentalinski, la intención de las autoridades era crear un cerco contundente que pudiera llevar a su arresto, a partir de testimonios firmados bajo tortura en los que se la acusa de oposición al cambio. Lo que vuelve confusa su existencia, dado que las detenciones, las condenas a los campos de trabajos forzados y los fusilamientos se hacían por nimiedades y sin pruebas contundentes, como les sucedió a varios de sus amigos. Su supervivencia es un gran enigma, incluso para ella misma: “¿Divertirse? Sí, divirtámonos. / ¿Cómo pudo suceder / que de ellos solo yo esté viva?” (Poema sin héroe). Como si una mano protectora la cubriera, o por el contrario como si el gran ojo del tirano se encarnizara en su ansia de doblegarla y silenciarla en vida. Un deseo incumplido.

Su poesía es un acto permanente de resistencia y libertad, no hace concesiones. Su obra nos trae a la mujer, la madre, la amante, la amiga, la escritora, la lectora y a la ciudadana rusa.

¿Por qué la última libertad
la han convertido en madriguera?
¿Acaso porque no me burlé
de la amarga muerte de mis amigos?
¿O porque fui siempre fiel a mi triste patria?
[…]
(1935)

Poema sin héroe es un poema extenso que la ocupa durante veintidós años (19401962); dedicado a una época que la revolución menosprecia y proscribe: los años que precedieron al triunfo del comunismo. Ajmátova abandona la búsqueda acmeísta y da rienda suelta a un poema-homenaje críptico y difícil de abordar, por las continuas referencias a sucesos de su vida personal y al arte. Parece “escrito para ella misma”, anota Isaiah Berlin; como si se tratara de una conversación personal e inaplazable con lo perdido en su juventud. Una lectura desprevenida nos permite sentir el vértigo, el anhelo y su admiración por autores, amigos y situaciones de los que desea dejar testimonio.

DESDE EL AÑO CUARENTA,
COMO DESDE UNA TORRE, CONTEMPLO TODO
COMO SI DE NUEVO ME DESPIDIERA
DE LOS QUE HACE TIEMPO ME SEPARÉ,
COMO SI ME SANTIGUARA
Y BAJO BÓVEDAS OSCURAS DESCENDIERA.
Leningrado asediado, 25 de agosto de 1941

Pocos años antes de su muerte cesan los hostigamientos y alcanza a ser testigo del reconocimiento otorgado dentro y fuera de su país. Sus libros de poesía circulan de nuevo y es admitida en la Unión de Escritores Soviéticos. También viaja al extranjero en dos ocasiones para recibir el Premio Literario Etna-Taormina en Italia y el Doctor Honoris Causa en la Universidad de Oxford en Inglaterra.

Después de su muerte, las historias sobre su vida son mitificadas con rapidez, así como los encuentros y relaciones con amigos y personajes memorables: los poetas y escritores Lev Gumilev, Osip Mandelstam, Marina Tzvetáieva, Joseph Brodski y Boris Pasternak, el pintor Amadeo Modigliani y el filósofo Isaiah Berlin, entre los más significativos. Relatos adornados con un aura lustrosa que nos muestran su espíritu insólito, a pesar de tanta adversidad. Según la recuerda Brodski: “cada encuentro con Ajmátova resultó para mí una vivencia fundamental. Percibías físicamente que estabas en presencia de alguien mejor que tú, alguien mucho mejor, y más aún, de alguien que con solo hablar te transformaba” [5, p. 145].

Desprendida de todas sus posesiones y sin hogar propio, los últimos años de la vida de Ajmátova son un ir y venir entre Leningrado, Komarovo y Moscú, siempre acogida por sus conocidos. Cuando muere, como si fuera un sino del que no puede escapar, las autoridades niegan el permiso para sus exequias en Leningrado. Su joven amigo Brodski, encargado de buscar el lugar que la acogería definitivamente, cuenta: “Ya habían empezado los servicios funerarios y yo aún estaba en el cementerio de Komarovo, sin saber a ciencia cierta si la enterrarían allí o no” [5, p. 169]. Finalmente la recibe Komarovo, localidad vecina a Leningrado, donde se encuentra rodeada por los ecos del idioma ruso y la frescura de los árboles que bellamente miró para nosotros:

[…]
Creo que los pinos de Komarovo
hablan en su propia lengua
y como primaveras aisladas
se yerguen en los charcos, bebiéndose el cielo.
(1964)

Esther Fleisacher

¡Comienza tu lectura!

Parte I

Leyendo a Hamlet

A la derecha del cementerio hay un sembradío
estéril;
detrás, un río de azul centelleante.
Tú dijiste: —Está bien, vete a un convento
o cásate con un necio...

Era la clase de cosas que siempre dicen los
príncipes,
pero son palabras que nunca se olvidan.
Deslícense cien siglos en una querella como un
manto de armiño bajo sus
hombros.

Kíev, 1909

Primer regreso

El oneroso sudario se extiende sobre la tierra,
tañen las campanas solemnes
y de nuevo anda el alma ajada e inquieta
por Tsárskoie Seló y su tedio indolente.
Cinco años pasaron. Todo muerto y mudo, cual si hubiera llegado el fin del universo.
Cual un eterno y agotado asunto,
yace el palacio en su mortal sueño.

1910

Amor

Cual sierpe en ovillo enroscada
junto al corazón embruja
o días enteros en la blanca ventana
cual una paloma arrulla.
Brota cual alhelí adormecido
o bien brilla en la escarcha…
Y me guía, firme y en secreto,
lejos de la alegría y la calma.
Se sienten sus dulces sollozos
del triste violín en la plegaria,
Y da pavor llegar a adivinarlo
en la sonrisa que me es aún extraña.

1910

Me retorcía las manos

Me retorcía las manos bajo mi oscuro velo.
—¿Por qué estás pálida, qué te intranquiliza?
—Porque hice de mi amado un borracho
con una recóndita tristeza.

Nunca lo olvidaré. Salió tambaleándose:
su boca torcida, desolada...
Corrí por las escaleras, sin tocar los barandales.
tras él, hasta la puerta.

Y le grité, conmocionada: —Todo lo decía
en broma, no me dejes, o moriré de pena.
Me sonrió, terriblemente despacio
y exclamó: —¿Por qué no te quitas de la lluvia?

Kíev, 1911

Tres cosas le encantaban

Tres cosas le encantaban a él:
los pavos reales blancos, las oraciones vespertinas
y los desteñidos mapas de América.
No soportaba los mocosos chillones,
ni la mermelada de frambuesa con su té,
ni la histeria femenina

…y estaba atado a mí.

La canción de la última cita

Se enfriaba, desvalido, mi pecho,
pero eran ligeros mis pasos.
Me puse en la mano derecha
el guante de la mano izquierda.

¡Me pareció que había muchos peldaños
aunque sabía que eran solo tres!
Un murmullo otoñal entre los arces
me pidió: “¡Muere conmigo!

¡Oye: una suerte penosa,
inconstante y mala me engañó!”
Le contesté: “¡Querido mío:
a mí también. Contigo moriré!”

Esta es la canción de la última cita.
Eché una mirada a la casa sombría.
Tan solo en la alcoba ardían las velas
con una llama indiferente y mustia.

1912

Una insulsa experiencia

Una insulsa experiencia –en vez de sabiduría–,
una insaciable bebida.
Pues la juventud era cual en domingo una misa
¿Olvidarla ahora yo debería?
¡Cuántos caminos recorrí desiertos
con quien jamás por mí fue amado!
¡Cuántas veces me santigüé en el templo
por quien me amaba tanto...!
Me he vuelto la distraída de las distraídas
y fluyen los años con serenidad.
Pero mi boca sin besos y mis ojos sin risa
ya nadie me los devolverá jamás.

1913

TODOS SOMOS AQUÍ BORRACHOS Y PECADORAS…

Todos somos aquí borrachos y pecadoras.
¡Nada en nuestra compañía es alegre!
En las paredes, plantas y aves,
entre nubes languidecen.

Tú fumas en una pipa negra.
¡Qué raro es el humo sobre ella!
Yo llevo una falda ceñida
para parecer aún más esbelta.

Cegadas para siempre las ventanas:
¿qué habrá allí: escarcha o tormenta?
A los ojos de un gato prudente
tus ojos aquí se asemejan.

¡Cuánto sufre mi corazón!
¿Acaso aguardo la hora de la muerte?
Y esa que ahora baila
irá al infierno evidentemente.

1 de enero de 1913

La soledad

Me han llegado a arrojar tantas piedras,
que ya no tengo miedo a ninguna de ellas;
esta esbelta torre se ha vuelto una trampa,
de entre las altas torres es la más alta.
A sus constructores doy las gracias,
que venzan ya su tristeza y su ansia.
Desde aquí el amanecer antes veo
y aquí triunfa el rayo de sol postrero.
En mi alcoba a menudo por los ventanales
entran los vientos de los nórdicos mares,
y la paloma come de mis manos el trigo...
En cuanto a la página que no he concluido:
de forma divina, tranquila y ligera
la escribirá la Musa con su mano morena.

Slepnevo, 1914

Llego a visitar al poeta

Para Alexánder Blok

Llego a casa del poeta.
Un domingo. Precisamente a mediodía.
La estancia es grande y tranquila.
Afuera, en el helado paisaje,

cuelga un sol color frambuesa
sobre cuerdas de humo grisazul.
La mirada escrutadora de mi anfitrión
me envuelve silenciosamente.

Sus ojos son tan serenos
que uno podría perderse eternamente en ellos.
Sé que debo cuidarme
de no devolverle la mirada.

Pero la plática es lo que recuerdo
de aquel domingo a mediodía,
en la amplia casa gris del poeta
cerca de las puertas del Nevá

Enero de 1914

¿CÓMO PUEDES MIRAR EL NEVÁ?

Para Alexánder Blok

¿Cómo puedes mirar el Nevá,
cómo puedes pararte sobre los puentes?
No importa si la gente piensa que sufro,
Su imagen no me dejará partir.
Las alas de los ángeles negros pueden acabar
con uno,
pero yo cuento los días hasta el juicio final.
Las calles están manchadas con piras
espeluznantes, hogueras de rosas en
la nieve.

1914

19 de julio de 1914

Envejecimos cien años
aunque esto sucedió solo en una hora.
Se terminaba ya el corto verano;
humeaban las llanuras labradas.

De repente se abigarró el camino quieto;
voló el llanto como un toque de plata.
Cubriéndome el rostro supliqué a Dios
que me matase antes de la primera batalla.

Desaparecieron las sombras de goces y pasiones
de la memoria, como una carga inútil.
Y una vez vacía, el Señor le ordenó
convertirse en un libro de noticias terribles.

Todo me ha sido arrebatado

Todo me ha sido arrebatado: el amor y la fuerza.
Mi cuerpo, precipitado dentro de una ciudad que
detesto,
no se alegra ni con el sol. Siento que mi sangre
congelada está.

Burlada estoy por el ánimo de la Musa
que me observa y nada dice,
descansando su cabeza de oscuros rizos,
exhausta, sobre mi pecho.

Solo la Conciencia, más terrible cada día,
enfurecida, exige cuantioso tributo.
Y para responder, me cubro el rostro con las
manos,
porque he agotado mis lágrimas y mis excusas.

1916

Para muchos

Soy vuestra voz, calor de vuestro aliento,
el reflejo de todos vuestros rostros,
es inútil el batir del ala inútil:
estaré con vosotros hasta el mismo final.

Y por eso me amáis ávidamente,
con todos mis pecados y flaquezas,
y por eso me entregasteis sin mirar
al mejor de todos vuestros hijos,
y por eso no me preguntasteis
por ese hijo ni una sola vez,
y llenasteis con el humo de alabanzas
mi casa ya vacía para siempre.

Y dicen que más estrechamente ya no es posible
unirse
y que más irreversiblemente ya no se puede amar...
como la sombra quiere separarse del cuerpo,
como la carne quiere separarse del alma,
así deseo yo que me olvidéis vosotros.

CÓMO IBA A SABER CUANDO DE BLANCO VESTIDAS…

Cómo iba a saber cuando de blanco vestidas
a mi estrecho refugio las musas llegaron,
que en la lira para siempre empetrecida
mis manos vivientes aquellas posaron.

Cómo iba a saber cuando jugando
la última tormenta por mi alma venía,
que al mejor joven sollozando
los ojos aguileños cerraría.

Cómo iba a saber cuando, del éxito cansada,
del admirable destino tenté la suerte,
que pronto la gente reiría despiadada
en respuesta al suplicar ante la muerte.

A la ciudad de pushkin

1

¿Qué puedo hacer? Ellos te destruyeron,
¡qué encuentro más cruel que el separarse!
Aquí hubo un surtidor, allá alamedas,
mas a lo lejos verdecía el parque...
La aurora más rosada que ella misma
fue aquél abril. Olor a húmeda tierra,
a primer beso...

2

Las hojas de este sauce en el siglo pasado se
murieron,
para brillar cien veces más lozanas en la forma de
un verso.
Las rosas se trocaron en purpúreas rosaledas
silvestres,
pero los himnos de la escuela siguen brotando sin
desánimo.
¡Medio siglo pasó! Fui premiada por la divina
suerte
y en los días violentos olvidé el fluir de los años.
¡Ya no voy por allí! Pero a la orilla del río de la
muerte,
yo llevaré mis trémulos jardines de Tsárskoye Seló.

AHora ya nadie querrá escuchar canciones

Ahora ya nadie
querrá escuchar canciones.
Los amargos días profetizados llegan desde la
colina.
Te lo digo, canción, el mundo ya no tiene maravillas;
no destroces mi corazón, aprende a estarte quieta.

No hace mucho, libre como cualquier golondrina,
luchabas; felizmente contra las mañanas,
desafiando sus peligros.
Ahora vagarás como un mendigo hambriento,
llamando desesperada a la puerta de los extraños.

1917

Parte II

No sabemos cómo decirnos adiós

No sabemos cómo decirnos adiós:
erramos por ahí, hombro con hombro.
Ya el sol está bajando,
vas taciturno, soy tu sombra.

Entremos en una iglesia a ver
bautizos, matrimonios, misas de difuntos.
¿Por qué somos diferentes del resto?
Afuera otra vez, cada quien vuelve la cabeza.

O sentémonos en el cementerio,
sobre la nieve pisoteada, suspirando el uno por el
otro.
Esa vara en tu mano está dibujando mansiones
donde estaremos siempre juntos.

1917

Todo ha sido saqueado

Todo ha sido saqueado, traicionado, vendido.
Las grandes alas negras de la muerte rasgan el
aire,
la Miseria roe hasta los huesos.
¿Cómo, entonces, no desesperarse?

Durante el día, desde cercanos bosques,
las cerezas llevan el verano a la ciudad.
Por la noche, los profundos cielos transparentes
brillan con galaxias nuevas.

Y lo milagroso se acerca inminente
a las sucias casas en ruinas—
algo que de hecho nadie conoce,
aunque salvaje en nuestro pecho por siglos.

1921

NO SOY DE ESOS QUE ABANDONARON LA TIERRA

No estoy con aquellos que abandonaron su tierra
Para que el enemigo la desgarrara.
No entiendo sus burdas lisonjas,
Mis canciones no serán para ellos.

Pero me da lástima el proscrito,
Como un prisionero o un enfermo.
Oscuro es tu camino, peregrino,
Huele a ajenjo el pan ajeno.

Y aquí, en el acre olor del fuego,
El resto de juventud perdido,
Nosotros de ningún golpe
Nos hemos protegido.

Y sabemos que en apreciación tardía
Cada hora será justificada…
Pero en el mundo no hay gente sin lágrimas
Más altiva que nosotros ni más llana.

1922

LA MUJER DE LOT

Pero la mujer de Lot miró
hacia atrás y se convirtió en una
columna de sal.
Génesis

Y el hombre justo acompañó al luminoso agente
de Dios
por una montaña negra, siguiendo su huella,
mientras una voz incansable acosaba a la mujer:
—No es demasiado tarde, aún puedes mirar hacia
atrás.

Hacia las torres rojas de tu Sodoma nativa,
al patio donde una vez cantaste, al pabellón para
hilar,
a las ventanas de la enorme casa
donde la descendencia santificó tu lecho conyugal.

Una sola mirada: súbita punzada de dolor
en sus ojos, antes de poder emitir cualquier
sonido.
Su cuerpo se derritió en sal transparente
y sus ligeras piernas claváronse en la tierra.

¿Quién penará por esta mujer? ¿No le resulta
de sobra insignificante a nuestra incumbencia?
Incluso así, nunca la negaré en mi corazón,
ella que murió porque eligió volverse.

1922-24

La musa

Cuando en la noche oscura espero su llegada,
se me antoja que todo pende de un hilo.
¿Qué valen los honores, la libertad incluso,
cuando ella acude presta y toca el caramillo?

Mira, ¡ahí viene! Ella se echa a un lado el velo
y se me queda mirando larga y fijamente. Yo digo:
“¿Has sido tú la que le dictó a Dante las páginas
sobre el infierno?”
Y ella responde: “Yo soy aquella”.

1924

AQUÍ PUSHKIN INICIÓ SU DESTIERRO…

Aquí Pushkin inició su destierro
y aquí Lérmontov finalizó su destierro.
Aquí, donde el aroma a hierbas de montaña es ligero,
solo en una ocasión ver aquí he logrado,
junto al lago, bajo la sombra de un oriental plátano,
en aquella hora anterior al crepúsculo amarga,
el resplandor de los ojos ávidos
del inmortal amante de Tamara.

Kislovodsk, 1927

El último brindis

Bebo por la casa derruida,
Por la soledad, juntos,
Por esta maldita vida mía
Y por ti, bebo.

Por la mentira de la boca que me traicionó,
Por el frío de muerte en la mirada,
Porque es cruel y torpe el mundo,
Por aquello que Dios no salvara.

1934

Por qué envenenaron el agua

¿Por qué envenenaron el agua
y enlodaron mi pan?
¿Por qué la última libertad
la han convertido en madriguera?
¿Acaso porque no me burlé
de la amarga muerte de mis amigos?
¿O porque fui siempre fiel a mi triste patria?
Que así sea.
Sin verdugo y sin cadalso
no se es poeta en esta tierra.
Son para nosotros las camisas de penitente.
El caminar con velas y el aullar.

1935

Boris Pasternak

Él, que se comparó a sí mismo con el ojo de un
caballo
mira de reojo, mira, ve y reconoce,
y he aquí que fundido el diamante
resplandece en los charcos, ya la nieve desvanece.

Traspatios en la quietud de la bruma lila,
andenes, maderos, hojas, nubes.
El silbo del tren, la cáscara que cruje de la sandía,
en el guante perfumado la mano tímida.

Resuena, retumba, rechina el estallido de la resaca
y de pronto se apacigua: esto significa que él
por las agujas de pino se abre paso con cautela,
para no turbar la duermevela del espacio.

Y esto significa que él cuenta los granos
en las espigas desiertas, esto significa que él
de algún funeral otra vez ha llegado
a la maldita y negra lápida del Darial.

Y arde nuevamente la languidez moscovita,
a lo lejos repica el cascabel de la muerte…
¿Quién se ha perdido a dos pasos de la casa,
donde la nieve llega a la cintura y todo termina?

Para él, que comparó el homo con Laoconte,
y celebró los cardos de cementerio,
para él, que llenó el mundo con el sonido nuevo
de estrofas que en el nuevo espacio reverberan.

Una suerte de eterna infancia fue su recompensa,
de largueza y clara visión,
y la tierra entera fue su herencia,
y él entre todos la partió.

UNOS VAN POR UN SENDERO RECTO...

1

Unos van por un sendero recto,
otros caminan en círculo,
añoran el regreso a la casa paterna
y esperan a la amiga de otros tiempos.
Mi camino, en cambio, no es ni recto, ni curvo,
Llevo conmigo el infortunio,
voy hacia nunca, hacia ninguna parte,
Como un tren sobre el abismo.

2

En las profundidades de la música
no hallé respuesta alguna:
solo la mudez y el sosiego
junto al fantasma del verano.

3

Yo voy hacia donde ya nada es cierto.
Allá donde el más querido compañero
es apenas una sombra:
El viento irrumpe desde el jardín perdido
y bajo los pies solo siento el frío del camino.

EN 1940 (Fragmento)

I

Ni un salmo se oye
en el entierro de una época.
Pronto, ortigas y cardos
decorarán la escena.
Las únicas manos diligentes
son las de los sepultureros: ¡rápido! ¡rápido!
Y hay tanto silencio, Señor, tanto,
que puedes oír pasar el tiempo.

Algún día emergerá de nuevo
como un cadáver en un manantial;
pero ninguna madre lo reclamará,
y sus nietos, enfermos del corazón,
volverán la espalda.
Cabezas afligidas...
La luna balanceándose como un péndulo...

Y ahora, sobre el París desahuciado, ese silencio cae.

II

A los londinenses

Hoy el tiempo escribe con mano impasible
la obra negra de Shakespeare, la número cuarenta
y cuatro.
¿Qué podremos hacer nosotros aquí, cerca del
aletargado río,
los que sabemos del sabor amargo,
sino reinterpretar aquellas trágicas líneas de
Hamlet, César o Lear?
O tal vez acompañar como escolta hasta su tumba
a la niña Julieta, pobre paloma, con antorchas y
canciones;
o representar al fisgón en las ventanas de Macbeth,
temblando más que el asesino alquilado.
Únicamente esa obra, esa y solo esa,
es la que no tendremos valor de leer.

1940

Cleopatra

Soy aire y fuego
Shakespeare

Ya ha besado los labios muertos de Antonio,
ha llorado de rodillas ante el César
y sus sirvientes la han traicionado. Cae la
oscuridad.
Chillan las trompetas del águila romana

Por ahí viene el último hombre arrebatado por su
belleza,
—galán tan gallardo— con un murmullo vergonzante:
—Deberás caminar ante él, como una esclava, en
el triunfo.
Pero la pendiente de su cuello de cisne está más
tranquila que nunca.

Mañana encadenarán a sus hijos. Nada le resta
más que enloquecer a ese sujeto
y poner el negro áspid, como separación piadosa,
sobre su oscuro pecho, con mano indiferente.

1940

El sauce

Y el manojo de árboles vetustos
Pushkin

Crecí en medio de un silencio de arabescos,
en la habitación infantil y fría del joven siglo.
No me era grata la voz de los hombres,
solo entendía la del viento.
Yo amaba la ortiga y la bardana,
pero por encima de todo, al sauce plateado.
Agradecido, él vivió siempre junto a mí,
sus ramas sollozantes
cubrían de sueños mi insomnio.
Y, extrañamente, le he sobrevivido.
Afuera el tronco cercenado permanece
mientras otros sauces con voces alienadas
algo dicen bajo nuestro cielo.
Y yo guardo silencio…
como si hubiera muerto un hermano.

1940

SÓTANO DEL RECUERDO

Es pura tontería que vivo entristecida
y que estoy por el recuerdo torturada.
No soy yo asidua invitada en su guarida
y allí me siento trastornada.

Cuando con el farol al sótano desciendo,
me parece que de nuevo un sordo hundimiento
retumba en la estrecha escalera empinada.
Humea el farol. Regresar no consigo

y sé que voy allí donde está el enemigo.
Y pediré benevolencia... pero allí ahora
todo está oscuro y callado. ¡Mi fiesta se acabó!
Hace treinta años se acompañaba a la señora,

Hace treinta que el pícaro de viejo murió...
He llegado tarde. ¡Qué mala fortuna!
Ya no puedo lucirme en parte alguna,
pero rozo de las paredes las pinturas

y me caliento en la chimenea. ¡Qué maravilla!
A través del moho, la ceniza y la negrura
dos esmeraldas grises brillan
y el gato maúlla. ¡Vamos a casa, criatura!

¿Pero dónde es mi casa y dónde mi cordura?

1940

Monumento a Anna Ajmátova, ubicado frente a la prisión de Las cruces, en San Petersburgo, lugar donde las mujeres hacían fila para procurar noticias de sus hijos o esposos encarcelados. Fue erigido allí, siguiendo las expresiones de ella misma en uno de sus versos.

RÉQUIEM

1935-1940

No estuve bajo un extraño firmamento,
ni refugiada bajo ajenas alas:
yo estuve entonces con mi pueblo,
allí, donde mi pueblo por desgracia estaba.


1961

EN LUGAR DE PRÓLOGO


En los terribles años de la yezhóvschina3, pasé diecisiete meses en las colas de las cárceles de Leningrado. En cierta ocasión, alguien me «identificó». Entonces, una mujer de labios amoratados que estaba tras de mí, y que, desde luego, nunca en su vida había oído mi nombre, despertando de aquel entumecimiento habitual en todas nosotras, me preguntó al oído (allí todo el mundo hablaba en susurros):
– Y esto, ¿puede describirlo?
Y yo dije:
– Puedo.
Entonces algo semejante a una sonrisa asomó por lo que en otros tiempos había sido su rostro.

Leningrado, 1 de abril de 1957

}

Dedicatoria


Ante esta angustia se quiebran los montes,
del vasto río las aguas no corren,
fuerte es el cerrojo de las prisiones;
detrás, las madrigueras de los gulags
y una angustia mortal...
Para algunos sopla el viento fresco,
para algunos se solaza el ocaso;
nosotras por doquier ya nada vemos,
solo oímos chirriar la odiosa llave
y los pesados pasos de los soldados.
Como para maitines madrugamos,
la capital salvaje atravesamos,
más muertas que los muertos llegamos,
con más niebla el Nevá y el sol más bajo,
pero a lo lejos aún canta la esperanza...

La sentencia y... caen súbitas las lágrimas.
Ella se va, de todos apartada, como si...
con dolor le arrancaran del corazón la vida,
cual si la voltearan brutalmente bocarriba.
Camina... Se tambalea... Va sola...
¿Dónde estarán mis amigas desdichadas,
las de aquellos dos años infernales?
¿Qué espejismos ven en las ventiscas siberianas?
¿Qué imaginan ellas en los círculos lunares?
A ellas envío este adiós de despedida...

Marzo de 1940

Parte III

Introducción


Sucedió cuando solo los muertos
sonreían, dichosos en su calma;
y Leningrado, apéndice superfluo,
de sus prisiones colgaba;
cuando, por el dolor enajenados,
pasaban regimientos de condenados
con aquel canto de separación
que silbaban los trenes de vapor.
Estrellas de la muerte allí pendían,
y bajo las botas ensangrentadas
y las negras marusias y sus llantas
nuestra inocente Rus se retorcía.

I

Te llevaron una madrugada,
como a un entierro tras de ti yo iba,
los niños lloraban en la oscura estancia,
la vela ante la imagen se derretía.
Del icono quedó en tus labios el frío.
El sudor mortal de tu frente no olvido.
Como las mujeres de los streltsý,
bajo las torres del Kremlin gemiré.

Moscú, Otoño de 1935.

II

Apacible el Don sereno pasa,
Amarilla la luna entra en la casa.
Amarilla la luna ve una sombra
al entrar con su ladeada gorra
. Enferma está esta mujer,
muy sola está esta mujer.
En la tumba está el marido
y en la cárcel está el hijo.
Rezad por mí.

III

No, esa no soy yo, otra es quien sufre.
Yo no lo resistiría... Lo pasado:
que lo cubran todo con oscuros paños
y que se lleven esas luces...
La noche

IV

Si mostrarte pudiera a ti, burlona,
favorita de amistades, alegre
pecadora de Tsárskoie Seló,
todo lo que sucederá en tu vida,
y cómo aguardarás con tu paquete,
junto a Las Cruces, la tricentésima,
y cómo con tus lágrimas ardientes
arrasarás los hielos de Año Nuevo...
El álamo carcelario se mece
y ni un sonido, si bien tantas vidas
allí se van extinguiendo, inocentes.

1938

V

Diecisiete meses llevo gritando,
que vuelvas a casa sigo clamando.
Yo a los pies del verdugo me arrojé...
¡Oh, hijo mío! ¡tú, mi gran tormento!
Todo para siempre se ha confundido
y distinguir ahora ya no consigo
la fiera del hombre, ni quién es quién
, ni cuánto esperaré esa ejecución.
Unas suntuosas flores solamente,
y del incensario el tintinear,
y unas huellas que a la nada van...
Me mira a los ojos directamente,
y me amenaza esa enorme estrella
con una pronta e inminente pérdida.

1939

VI

Ligeras pasan las semanas.
¿Qué sucedió? No entiendo
cómo a ti, ¡mi hijo!, en prisión
te contemplaron las noches blancas,
cómo te miran de nuevo
y de nuevo te contemplan
cual azor de ojo ardiente.
Hablan de tu sublime cruz
y de la muerte.

Primavera de 1939

VII

La sentencia

Y cayó la palabra de piedra
sobre mi pecho, vivo todavía.
No importa nada, estoy preparada
y he de lograrlo, de alguna manera.
Aún me queda mucho por hacer:
debo matar por completo la memoria,
en piedra el alma debo convertir,
y debo aprender de nuevo a vivir,
porque si no... Oh, cual fiesta tras mi ventana
está el cálido rumor del verano.
Ya hace tiempo que presentí esta casa
abandonada y este día de luz anegado.

Casa del Fontanka, verano de 1939.

VIII

A la muerte

Si has de venir, ¿por qué no ahora?
Te espero. Ya todo difícil me resulta.
Apagué la luz y te abrí la puerta,
a ti, tan sencilla y maravillosa.
Adopta para ello cualquier forma:
irrumpe brutal cual letal arma,
o bien, acércate con una estaca,
cual bandido experto, sigilosa;
envenéname con el tifus y su hedor
o con tu cuento inventado y sabido
por todos hasta la saturación,
y veré el plato de la azulada gorra
y al gerente pálido de temor.
Tanto da... Forma brumas el Yeniséi
y la Estrella Polar, un resplandor.
Y el fulgor azul de los ojos amados
velan y nublan el postrer terror.

Casa del Fontanka,19 de agosto de 1939.

IX

Ya la locura con su ala
cubre la mitad del alma,
escancia su vino ígneo,
atrae a su valle negro.
Debo a ella –comprendo–
ya la victoria entregar;
al delirio oído prestar,
cual si este fuera ajeno.
Si bien, nada me permite,
nada deja que me lleve
(por mucho que le suplique
y con mis ruegos le hastíe):
ni los terribles ojos de mi hijo (su petrificado sufrimiento),
ni el día en que la tormenta llegó,
ni la hora de visita en prisión,
ni el afable frescor de unas manos,
ni del tilo la trémula sombra,
ni un sonido alejado, ligero
(palabras de últimos consuelos).

4 de mayo de 1940

X

La crucifixión

No llores por mí, Madre,
al verme en la tumba.

1

Glorificó el gran día un coro de ángeles
y los cielos se fundieron en las llamas.
«¡Por qué me has abandonado!» dijo al padre.
Y a la madre: «¡Oh, por mí no viertas lágrimas!».

2

Se mecía y lloraba Magdalena,
el amado discípulo quedó cual piedra.
Pero donde estaba en silencio la Madre,
allí, no se atrevió a mirar nadie.

Epílogo


1

Supe cómo los rostros se deshojan,
cómo el miedo a los párpados asoma,
cómo el dolor en las mejillas graba
duras páginas, cuneiformes palabras;
cómo rizos rubio-ceniza o negros
mudan en plata en un breve instante
o se aja en el labio, dócil, la sonrisa
y el pavor tiembla en la seca risita.
Que esta oración no por mí sola rezo,
sino por ellas, que en julios de fuego
o con frío atroz conmigo estuvieron
bajo aquellos muros rojos y ciegos.

2

La memorable hora se acerca de nuevo.
A todas os veo, os oigo, os siento...
Aquella que llevé hasta la ventana sin fuerzas,
y aquella que nunca volvió a su tierra,
y aquella que, sacudiendo su hermosa cabeza,
me dijo: «¡Vengo aquí como si aquí viviera!».

A todas quisiera por su nombre llamar
mas me quitaron la lista, ¿dónde buscar?
Un ancho manto para ellas tejí
con tristes palabras que de ellas oí.
Las recuerdo siempre, ya en cualquier parte,
no las olvido ni ante nuevos desastres.
Y si taparan mi boca atormentada,
por la que gritan cien millones de almas,
la vigilia del día en que me conmemoren
que a mí también ellas me rememoren.
Y si un día pensaran en mi país
erigir un monumento para mí,
doy mi aprobación al evento citado
con la sola condición de no emplazarlo
ni cercano al mar en donde yo nací,
(con este ya mis relaciones rompí),
ni en oculto tronco del Parque del Zar,
donde la infeliz sombra me va a buscar...
sí donde trescientas horas de pie estuve,
donde abierto el cerrojo nunca obtuve...
Porque en la feliz muerte olvidar temo
de las negras marusias aquel estruendo,
y cómo golpeaba la odiosa puerta
y aullaba, cual fiera herida, aquella vieja.
Y caiga la nieve fundida cual llanto,
desde el bronce de los inertes párpados,
y que la paloma de la cárcel arrulle a lo lejos
y que los barcos naveguen por el Nevá en silencio.

Casa del Fontanka, marzo de 1940.

ESTA ÉPOCA CRUEL ME HA DESVIADO


Esta época cruel me ha desviado
como a un río fuera de su curso.
Desviada de las riberas familiares,
mi cambiante vida fluyó
a un canal hermano.
Cuántos espectáculos me perdí:
el telón alzándose sin mí
y cayendo también. Cuántos amigos
que nunca tuve oportunidad de conocer.
Aquí, en la única ciudad que puedo llamar mía,
donde caminaría dormida sin perderme,
cuántos cielos extranjeros pude soñar
que no rendirían testimonio a través de mis
lágrimas.
¡Y cuántos versos fui incapaz de escribir!
Sus coros secretos me acechan
muy de cerca. Un día, acaso,
me estrangularán.
Sé los comienzos y también los finales.
y la vida-en-la-muerte y alguna otra cosa
que mejor será no recordar ahora.
Cierta mujer
ha usurpado mi sitio
y usa mi verdadero nombre,
dejándome solo un apodo
con el que he procedido lo mejor que he podido.
La tumba a la que vaya no será la mía.
Pero si pudiera salir de mí misma,
y contemplar a la persona que soy,
sabría, por fin, qué es la envidia.

Leningrado, 1944

Cinque


Autant que toi sans doute, il te sera fidèle.
Et constant jusqu’a la mort.
Baudelaire

1

Como en el perfil de una nube
recuerdo tus palabras,
y por las palabras que yo te dije,
la noche se hizo más clara que el día.
Así arrancados de la tierra,
nos elevamos, como estrellas.
No hubo desesperanza ni vergüenza,
ni ahora, ni después, ni entonces.
Pero en la vida real, ahora mismo,
me oyes llamarte.
Y esa puerta que tú entreabriste,
no tengo fuerzas yo para cerrar de golpe.

2

Los sonidos se apagan en el éter,
y las tinieblas se apoderan del crepúsculo.
Hay tan solo dos voces, la tuya y la mía.
Y al sonido casi de campanas
del viento que viene del invisible lago Ládoga,
el diálogo de noche cerrada se trocó
en delicado relumbrar de arco iris entrelazados.

3

Tanto tiempo detesté
ser complacida,
pero una sola gota de tu piedad
y giro como si tuviera al sol dentro del cuerpo.
Es por esto que hay alba en torno a mí.
Voy por ahí creando milagros.
¡Es por esto!

4

¿Qué dejarte en recuerdo?
¿Mi sombra? ¿De qué puede servirte un fantasma?
¿La consagración a un drama quemado
del que no queda una sola ceniza,
o el terrible retrato de Año Nuevo
súbitamente arrancado del marco?
¿O ese sonido apenas audible
de las brasas del abedul,
que no tuvieron tiempo de hablarme
del amor de otro?

5

No habíamos respirado la somnolencia de la
amapola.
Y nosotros mismos desconocemos nuestro pecado.
¿Qué había en nuestras estrellas
que nos destinara al dolor?
¿Y qué suerte de bebedizo infernal
nos brindó la oscuridad de enero?
¿Y qué suerte de fulgor invisible
nos volvió locos antes de amanecer?

26 de noviembre de 1945

Ensueño


Tú y yo llevamos el mismo peso
de una larga y negra despedida.
¿Por qué lloras? Dame tu mano,
promete regresar a mis sueños.
Somos como una montaña frente a otra…
No volveré a encontrarme contigo en este mundo.
Solo si me enviaras recuerdos a medianoche
con las estrellas.

1946

En realidad


Y se marcha el tiempo, y se va el espacio,
una noche blanca me lo ha revelado todo:
y el narciso en el cristal sobre tu mesa,
y el humo azul del cigarrillo,
y aquel espejo, donde podrías reflejarte ahora
como en el agua limpia.
Y se marcha el tiempo, y se va el espacio…
pero ni tú puedes ayudarme.

1946

Tu me has inventado


Tú me has inventado. No existe en el mundo
alguien así. No podría existir.
Ni los médicos curan ni los poetas alivian,
la sombra de un fantasma te perturba día y noche.
Nos encontramos en un año monstruoso,
cuando las fuerzas del mundo se habían agotado,
todo estaba marchito y enlutado por la desgracia,
y solo las tumbas eran frescas.
El talud del Nevá, sin faroles, era negro azabache.
La noche sorda se erguía alrededor, como un muro.
¡Entonces mi voz te llamó!
¡Qué hice! Yo misma aún no lo entiendo.
Y tú llegaste a mí como una estrella conocida,
huyendo del trágico otoño,
hacia aquella casa desolada para siempre,
de donde salió una bandada de poemas
incinerados.

1956

HAY EN LA INTIMIDAD UN LÍMITE SAGRADO..


Hay en la intimidad un límite sagrado
que trasponer no puede aún la pasión más loca
siquiera si el amor el corazón desgarra
y en medio del silencio se funden nuestras bocas.

La amistad nada puede, nada pueden los años
de vuelos elevados, de llameante dicha,
cuando es el alma libre y no la vence
la dulce languidez del goce y la lascivia.

Pretenden alcanzarlo mentes enajenadas,
y a quienes lo trasponen los colma la tristeza.
¿Comprendes tú ahora por qué mi corazón
no late a ritmo debajo de tu diestra?

Hubo una voz en mí


Hubo una voz en mí. Llamó consoladora
y dijo: ven aquí, vente,
deja tu tierra apartada y pecadora,
deja Rusia para siempre,

la sangre de la mano yo te limpiaré,
del corazón arrancaré la negra vergüenza,
con nuevo nombre yo te cubriré
el dolor de la derrota y de la ofensa.

Pero tranquila, indiferente,
con las manos tapé mis oídos,
para que esa lengua indecente
no ensuciara el espíritu afligido.

La tierra natal


No la llevamos en oscuros amuletos,
ni escribimos arrebatados suspiros sobre ella,
no perturba nuestro amargo sueño,
ni nos parece el paraíso prometido.
En nuestra alma no la convertimos
en objeto que se compra o se vende.
Por ella, enfermos, indigentes, errantes
ni siquiera la recordamos.

Sí, para nosotros es tierra en los zapatos.
Sí, para nosotros es piedra entre los dientes.
Y molemos, arrancamos, aplastamos
esa tierra que con nada se mezcla.
Pero en ella yacemos y somos ella,
y por eso, dichosos, la llamamos nuestra.

Valor


Sabemos que el presente está en la balanza
y que se cumplirá.

La hora del valor marcan nuestros relojes
y él no nos abandonará.

No es terrible morir bajo las balas,
ni amargo el desangrarse.

Pero te conservaremos, lengua rusa,
gran palabra rusa.

¡Libre y limpia te llevaremos,
para entregarte a nuestros muertos,
para siempre librándote
del cautiverio!

Cuando la luna es de melón


Cuando la luna es de melón una tajada en la
ventana
y en redor es la calina cerrada la puerta y la casa
encantada
por las azules ramas de glicinas y en la fuente de
arcilla hay agua fría
y la nieve del paño y arde una bujía de cera
tal que en la niñez, mariposas zumban
la calma, que no oye mi palabra, retumba
entonces de lo negro de rincones rembrandtianos
algo se ovilla de pronto
y se esconde allí a mano, pero no me estremezco,
ni me asusto siquiera...
La soledad en sus redes me hizo prisionera
el gato negro el alma me mira, como ojos
centenarios
y en el espejo mi doble es tal vez mi contrario.
Voy a dormir dulcemente, buenas noches, noche.

El poeta


Piensas que esto trabajo, esta vida despreocupada, escuchar a la música algo y decir lo tuyo como si nada.
Y el ajeno scherzo juguetón meterlo en versos mañosos,
jurar que el pobre corazón gime en campos luminosos.
Y escucharle al bosque alguna cosa y a los pinos taciturnos ver
mientras la cortina brumosa de niebla se alza por doquier.
Tomo lejos o a mi vera, sin sentir culpa a mi turno Un poco de la vida artera y el resto al silencio nocturno.

ESTAMOS TAN INTOXICADOS UNO DEL OTRO…


Estamos tan intoxicados uno del otro
que de improviso podríamos naufragar,
este paraíso incomparable
podría convertirse en terrible afección.
Todo se ha aproximado al crimen
dios nos ha de perdonar
a pesar de la paciencia infinita
los caminos prohibidos se han cruzado.
Llevamos el paraíso como una cadena bendita,
miramos en él, como en un aljibe insondable,
más profundo que los libros admirables
que surgen de pronto y lo contienen todo.

QUE AL SUR A GOZAR SE VAYAN, DIGO…


¡De nuevo estás conmigo,
otoño, amigo mío!

Inocente Annenski

Que al sur a gozar se vayan, digo,
y se tumben en jardines soleados.
Aquí es puro norte - y como amigo
al otoño este año he tomado.

Vivo como en casa extraña, soñada,
donde puede ser que ya haya muerto,
donde el espejo en la tarde cansada
para sí mismo guarda algo incierto.

Voy bajo negros abetos achaparrados.
Es aquí el brezo semejante al viento
y como un viejo cuchillo mellado
de la luna brilla el trozo macilento

Aquí feliz al recuerdo di fama
del no-encuentro contigo vespertino.
La fría, limpia, ligera llama
de mi victoria sobre el destino.

A manera de epílogo


Y allá donde inventan los
sueños
no hubo suficientes para nosotros.
Vimos uno y había en él
la fuerza de la primavera al llegar.
No repitas lo que fue dicho antes,
tu alma es rica.
Puede ser que la poesía misma
sea la única cita admirable.

AGAZAPADA TRAS LA PUERTA


Agazapada tras la puerta
La astuta luna observó
Cómo mi gloria póstuma
Aquella tarde cambié.

Me van a olvidar ahora,
Los libros se pudrirán.
Ni una calle, ni una estrofa
Ajmátova llamarán.

Parte IV

ALGUNOS DÍAS PARECEN ACCIDENTES


Algunos días son como accidentes,
y a sus tardes tediosas les sucede
una niebla que cubre mi alma oscura;
insomnios donde encuentro mis ojos deleznables
y escribo, poseída, poemas deletéreos
donde digo que el aire se vuelve venenoso.
Hay días que se quedan vacíos como un vaso.
Y noches que retomo la mano que está libre
y sueño que terminas la herida que has abierto.
Hay días donde el tiempo se vuelve irrevocable
y noches donde cierro los ojos y oigo piedras,
que en el pozo interior de mi alma se hunden.

HACE MUCHO QUE NO CREO EN EL TELÉFONO


Hace mucho que no creo en el teléfono,
ni en la radio creo, ni en el telégrafo.

Tengo mis propias normas
y, puede ser, un carácter salvaje.

Con todo en cambio puedo soñar
y no preciso perderme a lo “lejos”
porque donde quiera que me encuentre
conquistaré cualquier altura.

SONETO DE ESTÍO


Más que yo vivirá lo que aquí vive,
hasta los nidos de los estorninos,
y este aire migratorio que cruzó,
aire primaveral, la mar en vuelo.

La voz eternidad de allá nos llama,
del más allá con su invencible fuerza,
y por encima del cerezo en flor,
la luz lunar menguando se derrama.

Parece que blanquea sin estorbo,
a través de las verdes espesuras,
la senda que no digo adónde lleva...

Allí hay más claridad entre los troncos
y todo se asemeja a la arboleda
que circunda el estanque en Tsárskoye Seló.

1958

PENSARÁS: ¡VAYA UN TRABAJO…!


Pensarás: ¡vaya un trabajo
esa vida regalada!
Escuchar algo de música
y, entre broma y broma, hacer lo propio.

O adaptando un alegre scherzo
en un flujo de estrofas
jurar que es como gime
un pobre corazón en el esplendor de los campos.

Y luego oír algo en el bosque,
entre pinos como monjes que guardan voto
de silencio, o en una cortina de nubes,
en la niebla que cuelga del aire.

Recojo un poco a la izquierda y un poco a la
derecha,
e incluso, sin sentirme culpable,
algo de la pícara vida,
recojo todo el silencio de la noche.

Komarovo, verano de 1959

Fragmento


Me pareció que las llamas de tus ojos
volarían conmigo hasta el alba.
No pude entender el color,
de tus ojos extraños.
Todo alrededor palpitaba.
Nunca supe si eras mi enemigo, o mi amigo,
y si ahora era invierno o verano.

Moscú, 21 de junio de 1959

N.v.n


Hay en la intimidad humana una línea de veda
que no traspasan amoríos ni pasiones
bien que en miedo silente boca en boca se queda
y el corazón se rompe de cariño de porciones.

La amistad aquí es impotente y los años de
felicidad sublime y amorosa
cuando el alma en vuelo extraño se cierne ante la
languidez voluptuosa.

Quien la anhela es demente y el que la alcanza
sucumbe a su tristeza
ahora comprendes sin duda por qué bajo tu mano
mi corazón no aceza.

PARA QUÉ TE FINGES VIENTO…


¿Para qué te finges viento,
piedra, pájaro?
¿Para qué me sonríes desde el cielo
como un relámpago inesperado?

¡No me atormentes más, no me toques!
Déjame ir hacia las sabias preocupaciones.
El fuego ebrio deambula
por ciénagas grises y secas.

Y la Musa con pañuelo raído
canta larga y melancólicamente.
En la tristeza severa y joven
está su fuerza milagrosa.

Epigrama


¿Hubiera podido Beatriz escribir como Dante,
o Laura glorificar las penas de amor?
Yo instauro el estilo para el verbo de la mujer.
¡Dios me ayude a callarlas de nuevo!

1960

Eco


Hace ya mucho el camino al pasado está cerrado
¿Y para qué necesito yo ahora el pasado?
¿Qué hay allí? Lápidas ensangrentadas
o una puerta emparedada, cegada,
o un eco que no puede ser silenciado,
aunque yo tanto se lo he implorado...
Y con todo lo que en el corazón llevo
ha sucedido lo mismo que con el eco.

1960

ELEGÍAS Y RECUERDOS


Nuestro oficio sagrado
existe hace miles de años
y solo con su luz le basta al mundo.

Pero ningún poeta ha dicho aún
que no existe la sabiduría, ni la vejez,
y que pueda que no exista ni la muerte.

En cada árbol el Señor crucificado,
en cada espiga el cuerpo de Cristo
y en la palabra transparente del rezo
la sanación de la carne enferma.

CASI PARA UN ÁLBUM


Al escuchar un trueno me recordarás
pensando: ella añoraba las tormentas.

En el cielo la franja será ardiente escarlata
y abrasará mi corazón, como antes.

Eso ocurrirá un día en Moscú
cuando abandone la ciudad para siempre
y retorne al anhelado hogar,
dejando entre ustedes solo mi sombra.

CASI PARA UN ÁLBUM


Al escuchar un trueno me recordarás
pensando: ella añoraba las tormentas.

En el cielo la franja será ardiente escarlata
y abrasará mi corazón, como antes.

Eso ocurrirá un día en Moscú
cuando abandone la ciudad para siempre
y retorne al anhelado hogar,
dejando entre ustedes solo mi sombra.

AQUÍ ESTÁ LA ORILLA DEL MAR DEL NORTE


Aquí está la orilla del Mar del Norte,
la frontera de nuestros triunfos y fracasos:
ni la felicidad ni pena encuentro…
Y tú lloras y a mis pies te inclinas,
pero yo necesito más condenados:
prisioneros, deudores, esclavos.

Solo con un inquebrantable, querida,
compartiré el pan y la sangre.

EN ALGÚN LUGAR HAY UNA VIDA SIMPLE Y UNA LUZ


Pero en algún lugar hay una vida simple y una luz transparente, cálida y alegre.

Allí, con una muchacha sobre el cercado vecino, bajo la noche hablar, y dejar que las abejas escuchen solo las más tiernas de todas las palabras. Sin embargo, vivimos victoriosa y duramente y honramos las ceremonias de nuestros amargos encuentros, cuando bruscamente el viento, loco, interrumpe nuestra charla apenas comenzada. Por nada cambiaremos la magnífica, granítica ciudad de gloria y de infortunio, de los anchos ríos resplandecientes de hielo, de los oscuros y sombríos jardines y de la voz de la musa, audible apenas.

NO SÉ SI ESTÁS VIVO O MUERTO


No sé si estás vivo o muerto
y si puedo buscarte en esta tierra,
o solamente en la tiniebla nocturna
como a un difunto llorarte.
Tú eres todo: mi ruego diurno,
la llama débil del insomnio,
la bandada blanca de mis versos,
el azul incendio de mis ojos.
Como nadie se fue más secreto
así nadie me hizo sufrir,
ni siquiera el que en la pena me vendió,
ni siquiera aquel que me amó y me olvidó.

LOS VERSOS


Son bagazos de insomnio,
mechas carbonizadas de velas torcidas,
toque de alba
en cientos de campanarios blancos…
tibio banco de la ventana
bajo la luna de Chernígov,
son abejas, melilotos,
polvo, tiniebla y ardor.

SIEMPRE ERES OTRO Y MISTERIOSO CONMIGO


Siempre eres otro y misterioso conmigo
y a ti más dócil cada día me entrego.
Pero tu amor, oh mi severo amigo,
es una prueba a hierro y fuego.

Cantar y sonreír me prohíbes así,
y rezar ha tiempo me prohibiste.
Solo por no separarme de ti,
¡para mí el resto no existe!

Así a la tierra y al cielo eterno
ajena vivo y ya no canto, amado,
así del paraíso y del infierno
a mi alma inquieta has arrancado.

AL DESPERTAR EN LA MADRUGADA


Al despertar en la madrugada,
sofocada de alegría,
mirar las olas verdes,
por la ventana del camarote;
o en la cubierta a la intemperie
abrigada con una piel afelpada
escuchar los zumbidos del barco
y no pensar en nada.
Y presintiendo un encuentro
con quien se ha convertido en mi estrella
rejuvenecer cada instante
a causa de las gotas saladas y el viento.

Trece versos


Y finalmente pronunciaste una palabra,
no así, como aquellos… de rodillas,
sino como el prófugo que mira
la copa sagrada de los abedules
a través de un arcoíris de lágrimas involuntarias.
Y a tu alrededor cantó el silencio
y se llenó de sol la oscuridad,
y por un instante se transfiguró el mundo
y extrañamente cambió el sabor del vino.
E incluso yo, que debía ser asesina
de la divina palabra
callé casi con piedad
para prolongar la vida bendita.

8-12 de agosto de 1963

Visita nocturna


Todos se fueron y nadie regresó
En la calle cubierta de otoño
no esperarás.
Tú y yo volveremos a encontrarnos
en un adagio de Vivaldi.
Las velas, de nuevo pálidamente amarillas,
serán exorcizadas por el sueño,
mas, el arco del violín no preguntará
cómo entraste en mi casa nocturna.
En mudo y mortal gemido
pasarán las medias horas,
leerás en mi mano
los mismos milagros.
Y entonces, tu angustia
convertida en destino
te llevará de mi umbral
hacia mares glaciares.

Komarovo, 10-13 de septiembre de 1963

Primera advertencia


Qué nos importa al fin y al cabo
que todo se convierta en ceniza,
en cuantos precipicios canté
y en cuantos espejos viví.
Que no sea yo sueño ni consuelo
y mucho menos paraíso.
Pero puede ser que con frecuencia
tengas que recordar
el rumor de las líneas sosegadas
y el ojo que oculta en el fondo
aquella corona de flores, punzante y oxidada,
en su tranquilo silencio.

Moscú, 1963

Primera advertencia


Voy hacia donde nada es necesario,
donde el más amable compañero es solo una
sombra.
Y allí desde el jardín apartado el viento sopla
y bajo mis pies hay un escalón a la sepultura.

1964

VOY HACIA DONDE NADA ES NECESARIO…


Voy hacia donde nada es necesario,
donde el más amable compañero es solo una
sombra.
Y allí desde el jardín apartado el viento sopla
y bajo mis pies hay un escalón a la sepultura.

1964

AUNQUE LA TIERRA NO SEA ENTRAÑABLE


Aunque la tierra no sea entrañable,
es inolvidable para siempre,
y el agua del mar
tiernamente helada y dulce.

La arena del fondo es más blanca que la cal,
el aire embriaga como el vino,
y el cuerpo rosado de los pinos
se desnuda a la hora del crepúsculo.

Y el mismo crepúsculo en las ondas del espacio
es tal, que no distingo si es
el final del día o el final del mundo,
o acaso el misterio de los misterios en mí
nuevamente.

1964

La calumnia


Y la calumnia me seguía por doquier.
Yo oía sus pasos rampar en la nieve

y bajo el cielo implacable en la muerta ciudad,
donde me muevo al azar por el techo y el pan.

Y en todos los ojos brillan sus destellos,
ya sea como traición o como inocente miedo.

Yo no la temo, a cada nuevo desafío
hay en mí un responder sereno y digno.

Pero un día inevitable ya presagio,
en que al alba vendrán a casa los amigos

y mi más dulce sueño turbarán sus sollozos,
y sobre mi pecho frío pondrán un icono.

Ninguno la reconocerá cuando ella entre,
en mi sangre de ella la boca insaciable

no se cansará de contar ofensas irreales,
trenzará su voz con las oraciones funerales.

Y comenzarán a escuchar todo su vergonzoso
delirio,
de modo que no levantarán la vista hacia el vecino,

de modo que mi cuerpo quedará en una terrible
nada,
de modo que por última vez mi alma abrasada

de la terrestre flaqueza volará cuando lo oscuro
albea,
y también de lástima salvaje por la abandonada
tierra.

Último día en Roma


El cierre de un ciclo reciente
es tan difícil para el corazón,
he abandonado muchos hábitos en la vida
y ya casi nada me falta.

Creo que los pinos de Komarovo
hablan en su propia lengua
y como primaveras aisladas
se yerguen en los charcos, bebiéndose el cielo.

1964

Voz de memoria


¿Qué ves, que observas sombríamente la pared
a la hora que en el cielo se alza el crepúsculo?

¿A la gaviota en el manto azul del agua,
o quizá los vastos jardines florentinos?

¿O al inmenso Parque Tsárskoye Seló,
donde un día se apareció el temor en tu sendero?

¿Qué ves en tus rodillas,
acaso al que abandonó a su esclavo a la muerte
blanca?
—No. Yo observo solo la pared:
en ella están las respuestas de los fuegos celestiales
a punto de extinguirse.

TAL VEZ MUCHAS COSAS QUIERAN AÚN


Tal vez muchas cosas quieran aún
ser cantadas por mi voz:
lo que retumba en el silencio,
o lo que emana de la roca en la oscuridad profunda
de la tierra,
o tal vez lo que en el humo se revela.

Todavía no he aclarado mis cuentas
con el fuego, ni con el viento, ni con el agua…

Pero muy pronto este sopor
me abrirá las puertas de par
en par llevándome tras una estrella matutina

Poema sin héroe


Tríptico
(fragmento)
1940-1962

Leningrado - Tashkent - Moscú

Di rider finirai
Fria dell’aurora

Don Giovanni

A MANERA DE PRÓLOGO


Deus conservat omnia
Divisa en el escudo de
la Casa de Fontanka

Unos ya no están y otros están lejos

La primera vez vino a mi casa de Fontanka la noche del 27 de Diciembre de 1940. Ya en otoño había enviado como mensajero un pequeño fragmento.

Yo no le había llamado. Y no le esperaba aquel día oscuro y frío de mi último invierno en Leningrado.

Su aparición había sido precedida por algunos hechos, pequeños e insignificantes a los que no me atrevo a llamar acontecimientos.

Aquella noche escribí dos fragmentos de la primera parte (“1913” y la “Dedicatoria”). A comienzos de enero, de manera casi imprevista para mí, escribí “Cruz”, y en Tashkent (en dos sesiones), escribí el “Epílogo”, que constituye la tercera parte del poema. Añadí también algunos pasajes esenciales a las dos primeras partes.

Dedico este poema a la memoria de sus primeros oyentes, mis amigos y conciudadanos que cayeron en Leningrado durante el asedio. Oigo sus voces y me acuerdo de ellos cuando leo en voz alta mi poema, y ese coro secreto es para mí la justificación permanente de esta obra.

Tashkent, 8 de abril de 1943

Llegan hasta mí rumores de absurdas interpretaciones del Poema sin héroe. Hay incluso quien me aconseja hacerlo más inteligible. No lo haré. El poema no tiene ni tres, ni siete ni veintisiete sentidos. No lo modificaré ni lo explicaré. “Lo escrito, escrito está”.

Leningrado, noviembre de 1944

Primera dedicatoria


A la memoria de Vs. K.

. . . . . . . . . . . . .
... como no tengo papel,
escribo en tu cuaderno.
Y la palabra ajena aparece,
y, como un lejano copo de nieve, se funde
en mi mano, confiada, sin reproches.
Y las oscuras pestañas de Antínoo
se alzan de pronto, y la bruma verde,
y la brisa de nuestro país...
¿Acaso es eso el mar?
No, solo son agujas fúnebres,
y en la espuma humeante
todo está cada vez más cerca...

Marche funèbre
Chopin...

Casa de Fontanka, 27 de diciembre de 1940

Segunda dedicatoria


O.A.G.S.22

¿Eres tú, Psique-Confusión
quien, moviendo el abanico negro y blanco,
te inclinas hacia mí?
¿Quieres decirme en secreto
que ya has cruzado el Leteo
y respiras otra primavera?
No me dictes, yo misma oigo:
El chaparrón se aferra al tejado,
oigo murmullos en el felpudo.
Alguien pequeño se dispuso a vivir,
Se hizo verde y mullido, e intentará
brillar mañana en su nuevo impermeable.

Duermo:
ella sola está sobre mí
allí, lo que la gente llama primavera
y yo llamo soledad.
Duermo.
Veo en sueños nuestra juventud
ese cáliz que pasó por él.
Te lo devolveré,
si quieres, como recuerdo,
como llama pura en la arcilla
o copo de nieve en una tumba abierta.

Casa de Fontanka, 25 de mayo de 1945

Tercera y última


Una vez en la víspera de la Epifanía...
Zhukovski

Ya está bien de helarme de miedo,
invocaré mejor la Chacona de Bach
y tras ella entrará una persona
que no será mi querido marido,
pero él y yo conseguiremos
agitar el siglo veinte.
Le confundí por azar
con alguien misterioso,
con el más amargo infortunio.
En esta noche de niebla
llegará tarde a mi Palacio de Fontanka
para beber el vino de Año Nuevo.
Y recordará la velada de la Epifanía,
el arce en la ventana, los cirios nupciales
y el vuelo mortal del poema...

Pero no es la primera rama de la lila,
ni el anillo, ni la dulzura de los rezos:
sino la muerte lo que él me trae.

Le Jour des Rois, 5 de enero de 1956

Introducción


DESDE EL AÑO CUARENTA,
COMO DESDE UNA TORRE, CONTEMPLO TODO
COMO SI DE NUEVO ME DESPIDIERA
DE LOS QUE HACE TIEMPO ME SEPARÉ,
COMO SI ME SANTIGUARA
Y BAJO BÓVEDAS OSCURAS DESCENDIERA.

Leningrado asediado, 25 de agosto de 1941

PRIMERA PARTE AÑO MIL NOVECIENTOS TRECE


Cuento de Petersburgo

Capítulo primero

La fiesta de Año Nuevo prolonga suntuosamente
los húmedos tallos de las rosas de Año Nuevo.

El rosario

No diremos la buenaventura de Tatiana
Pushkin

In my hot youth - when George
the Third was king

Don Juan

Noche de Año Nuevo. Casa de Fontanka. A casa
del autor, en lugar de los esperados, llegan
sombras disfrazadas del año trece. Sala blanca
de espejos. Digresión lírica: “El huésped del
futuro”. Mascarada. El poeta. Una aparición.

Encendí los cirios secretos
para iluminar la velada,
contigo, que no has venido a mi casa,
al año cuarenta y uno saludo.

Pero...
¡Que Dios nos proteja!
En el cristal se ahogó la llama.
“Y el vino, como veneno, arde”.
Son las oleadas de una cruda charla,
cuando resucitan todos los delirios
y aún no suenan los relojes...
Mi angustia no tiene límites
y, como una sombra en el umbral,
guardo mi último vestigio de paz.

Oigo una insistente llamada
y un frío húmedo me convierte
en piedra, me hielo, ardo...
Y, como si recordara algo,
me doy la media vuelta
y a media voz digo:
“Se equivoca: La Venecia de las dagas
está aquí al lado... Pero las máscaras,
capas, coronas y cetros
deben dejar hoya la entrada.
¡Ahora se me antojó honraros,
Espectros de Año Nuevo!”.
Este es Fausto, aquel, don Juan,
Dappertutto, Jokanaam,
el más modesto, el nórdico Glahn,
o el asesino Dorian

Todos murmuran a sus Dianas
la lección bien aprendida.
Y alguno hay que con el tímpano
atrajo a una Ninfa con pies de cabra.
Y para ellos se abrieron los muros,
se inflamó la luz, aullaron las sirenas,
y, como una cúpula, se hinchó el techo.
No temo la publicidad...
¡Nada me importan las jarreteras de Hamlet,
el torbellino de la danza de Salomé,
y el paso de la Máscara de Hierro!
¡Yo soy más férrea que ellos!...
¿A quién le toca ahora asustarse,
echarse atrás, retroceder, capitular
y expiar un viejo pecado?…
Todo está claro:
No es a mí, pero ¿a quién?
No se preparó para ellos la cena,
los que conmigo no van.
En el faldón del frac ocultó él la cola...
¡Qué colorido y elegante!…

Sin embargo...
Confío en que usted no se haya atrevido
a traer aquí al Príncipe de las Tinieblas…
Esta máscara ¿es una calavera, o es acaso el
rostro
de expresión dolorosa y malvada
que solo Goya osó dibujar?
Niño mimado y burlón,
ante él, el más apestoso pecador
es la gracia personificada...

¿Divertirse? Sí, divirtámonos.
¿Cómo pudo suceder
que de ellos solo yo esté viva?
Mañana alguien me despertará por la mañana
y nadie me condenará,
y tras la ventana el azul añil
se reirá de mí.
Estoy asustada: entraré
sin quitarme la mantilla,
sonreiré a todos y callaré.

No, hasta el Valle de Josafat
no quiero encontrarme con quien
un día llevaba un collar
de ágatas negras...
¿Acaso está cercano el último plazo?
He olvidado vuestras lecciones,
charlatanes y falsos profetas,
pero vosotros no me habéis olvidado.
En el pasado madura el futuro,
y en el futuro el pasado se consume.
Una pavorosa fiesta de hojas muertas.

L  El sonido de los pasos de los que no están
A  sobre el parquet encerado

S y el humo azul de un cigarro.
A Todos los espejos reflejan
L a quien no apareció,
A a quien en esta sala no pudo entrar.

B No es mejor ni peor que los demás,
L no exhala el gélido frío del Leteo,
A su mano es cálida.
N ¡Huésped del futuro! ¿Será posible
C que me haga una visita
A a mano izquierda detrás del puente?

... Desde la infancia temo los disfraces,
siempre me pareció
que una sombra superflua
“sin rostro y sin nombre”,
en ellos acechaba...
¡Abramos la reunión
de este solemne día de Año Nuevo!
No esparciré por el mundo
esta medianoche hoffmaniana
Preguntaría a los otros...

Espera,
parece que no estás en las listas
de los Cagliostros52, magos, Lyciscas,
vestidos a rayas,
embadurnados
tú eres...
de la edad del roble de Mamre,
secular interlocutor de la luna.
No nos engañan tus fingidos lamentos.
tú escribes leyes de hierro;
Hammurabi, Licurgo, Solón
podrían aprender mucho de ti.
Él es un ser de humor extraño,
no espera que la gloria y la gota
le sienten en un suntuoso
sillón conmemorativo,
sino que pasea su triunfo
por los desiertos, por el brezo en flor.

Y de nada es culpable. Ni de esto
ni de lo otro ni de otra cosa...
A los poetas
no les sientan bien los pecados.
¡Danzad ante el Arco Sagrado
o desapareced!...
¡Qué importa! De eso
hablaron mejor sus versos.
El grito del gallo solo lo soñamos.
Tras la ventana humea el Neva.
La noche no tiene fondo y se prolonga
la diablería de Petersburgo...
En las ventanas angostas no se ven las estrellas.
La muerte ronda por aquí, es evidente,
pero la verborrea de la mascarada
es insulsa, voluble, desvergonzada…
Un grito:
“¡El héroe a escena!”
No tema: saldrá ahora sin falta
en lugar del larguirucho
Y cantará sobre la sagrada venganza…
¿Por qué huis todos juntos
como si hubierais encontrado una novia

y me dejáis sola en la penumbra,
entre los negros bastidores
que contemplan lo que se ha convertido
en el drama más amargo?
Y todavía no es la hora del lamento.
Esto no se encadena de repente
como una frase musical,
oigo un murmullo: “¡Adiós! ¡Ya es la hora!
Te dejo viva
pero no serás mi viuda.
Tú: ¡Paloma, sol, hermana!”
Dos sombras se funden en el rellano…
Después, escaleras de peldaños llanos
un gemido: “¡No hace falta! Y a lo lejos
Una voz pura:
“Estoy preparado para la muerte”.

Las antorchas se apagan, el techo desciende La sala blanca61 (de espejos) se convierte de nuevo en la habitación del autor. Palabras desde las tinieblas.

No hay muerte. Todo el mundo lo sabe.
Es insípido repetirlo.
Lo que hay, ojalá me lo explicaran.
¿Quién llama?
Porque a todos les dejaron entrar.
Es el huésped detrás del espejo. O alguien
que de repente apareció en la ventana...62
¿Es una broma de la luna nueva
o es alguien que de nuevo está
entre la estufa y el armario?63
La frente está pálida y los ojos, abiertos...
Esto quiere decir que son frágiles las lápidas.
Esto significa que el granito es más blando que
la cera...
¡Es absurdo, absurdo, absurdo! Y lo absurdo
me convertirá pronto en gris,
cambiaré por completo.
¿Por qué me haces señas con las manos?
Por un minuto de descanso
devolveré la paz eterna.

Anna Ajmátova, dibujo de Modigliani.

Biografía

Anna Andréievna Gorenko

Nació el 23 de junio de 1889 en un pueblo cercano a Odessa, hija de una noble familia de origen tártaro, Ajmat, de la cual tomó el apellido por el que la conocemos. Estudió latín, historia y literatura en Kíev y en San Petersburgo. Allí se casó con Nikolái Gumiliov en 1910, promotor del acmeísmo, corriente poética que se sumaba al renacimiento intelectual de Rusia a principios del siglo XX. Los acmeístas rompían con el simbolismo, de carácter metafórico, y restablecían el valor semántico de las palabras

En esta línea Anna publica en 1912 su primer libro de poemas titulado La tarde. En ese mismo año nace su único hijo, Lev. Estos primeros escritos parecen intuir la gran soledad en la que se verá sumergida años más tarde, tras las trágicas consecuencias de la revolución rusa de 1917. En 1921 su marido fue acusado de conspiración y fusilado. Más tarde, su hijo será también arrestado y deportado a Siberia. Y por último, su ex marido e historiador de arte, Nikolái Punin, moriría de agotamiento en un campo de concentración en 1938.

Los poemas de Anna se prohibieron, fue acusada de traición y deportada. Por temor a que fusilaran a su hijo quemó todos sus papeles personales. En 1944 pudo regresar a Leningrado con su hijo, ciudad devastada tras el asedio nazi. En 1945 el joven intelectual británico Isaiah Berlin quiso visitarla antes de regresar a Londres. Ese encuentro se prolongó durante veinte horas donde Anna le leyó sus poemas y se sinceró con él, pero esto tuvo trágicas consecuencias ya que su hijo volvió a ser encarcelado durante diez años. Esta vez la escritora se negó a silenciar su voz y siguió adelante con su poemario más importante, Réquiem, ahí explica que en aquella Unión Soviética los únicos que estaban en paz eran los difuntos y que los vivos pasaban su vida yendo de un campo de concentración a otro.

El libro fue publicado sin su consentimiento en Múnich, en 1963.
Al año siguiente viaja a Taormina (Italia), donde recibe el Premio Internacional de Poesía y en 1965 es nombrada doctor honoris causa por la Universidad de Oxford. Viaja a Gran Bretaña con escala en París y se publica en Moscú El correr del tiempo (1909-1965), un balance incompleto (y censurado) de su obra. En 1966 Anna muere de un infarto en un sanatorio de las afueras de Moscú y es enterrada en Komarovo. Su obra, traducida a un sinnúmero de lenguas, solo aparecerá íntegra en Rusia en 1990.

Bibliografía

  1. Anna Ajmátova. Ajmátova. Mondadori (IT) (September 2000. ISBN 8439702930, ISBN 9788439702931.
  2. Anna Ajmátova. Poemas Escogidos. Grupo Editorial Norma (April 1999).ISBN 9580435480,ISBN 978-9580435488.
  3. Anna Ajmátova. Otros Poemas Junto Al Mar. 56 pag. Vigía (June 30, 2004). ISBN 959240089X, ISBN 978-9592400894.
  4. Anna Ajmátova. Réquiem y Otros Escritos. Galaxia Gutenberg (May 2001). ISBN 8481092886, ISBN 978-8481092882.
  5. María Fernanda Palacios: Prólogo a Ana Ajmátova. Poemas, Caracas, 2002.
  6. Anna Ajmátova. Soy vuestra voz. ANTOLOGÍA. Selección, prólogo y traducción del ruso: [[Belén Ojeda]]. Hiperión poesía. 2005. ISBN 84-7517-826-X
  7. Réquiem; Poema sin héroe / Anna Ajmátova; edición bilingüe de Jesús García Gabaldón; traducción de [[Jesús García Gabaldón]]. - Madrid: Cátedra, 1994. - 248 p.: il.; 18 cm. - (Letras universales; 208)
  8. Réquiem y otros poemas / Ana Ajmátova; introducción y traducción [[José Luis Reina Palazón]]. - Sevilla: Alfar, 1993. - 251 p.: il.; 22 cm. - (El rapto de Europa; 1)
  9. Blok, Sologub, Gumiliov, Ajmátova, Mandelstam, Cinco poetas rusos, Colombia, Editorial Norma, 1995.
  10. Anderson, Nancy K.; Anna Andreevna Akhmatova (2004). The word that causes death’s defeat. [[Yale University Press]].
  11. Harrison E. Salisbury, “Soviet” section of “Literature” article, page 502, Britannica Book of the Year 1965 (covering events of 1964), published by The Encyclopedia Britannica, 1965